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Cuando la presión es imprescindible

“Aunque la fuerza puede proteger en emergencia, solo la justicia, la consideración y la cooperación pueden finalmente guiar a los hombres a una paz eterna”

Dwight D. Eisenhower[1]

Las buenas relaciones interpersonales son, sin duda, el único camino sostenible hacia la  eficacia y la eficiencia, personal y organizacional.

Y, sobretodo, hacia nuestra paz y bienestar interior.

Sin embargo, hay un caso especial en el cual ejercer presión sobre otras personas no solo se justifica, sino que resulta ser el óptimo curso de acción, o, más aún, el único viable.

Esto se da cuando usted necesita lograr un objetivo crítico, y le resulta totalmente imposible acordar con las otras partes un esfuerzo conjunto, por alguna de las razones que indicamos a continuación.

Razón 1. Se trata de una emergencia, y no hay tiempo para comunicación ni explicaciones de ningún tipo.

Esto se da cuando usted necesita guiar a otras personas en medio de un proyecto muy crítico, o un accidente, o un incendio, o un siniestro o, en caso extremo, en una batalla.

Un problema típico es que muchas personas suelen aplicar presión sobre otras incluso en casos en los cuales hay tiempo más que suficiente para dar las explicaciones correspondientes, y de esta manera obtener un apoyo mucho más decidido y completo.

Este error es fuente común de conflictos e ineficiencias innecesarias en muchas empresas, organizaciones y familias.

No trate como emergencia lo que no es tal.

Veamos un ejemplo.

Usted ve un principio de incendio en el edificio de su empresa.

Un grupo de trabajo, inconciente del siniestro, sigue trabajando, encerrado en una oficina del fondo.

Usted corre a avisarles.

Lógicamente, usted no golpeará la puerta. Tampoco entrará en la oficina con cuidado, pidiendo permiso, y diciendo: “disculpen que los interrumpa, estimados señores, pero yo quería informarles que se está produciendo un pequeño problemita, y quería charlar con ustedes para ver cual seria el curso de acción mas apropiado”, “¿están de acuerdo?”

Si usted hace esto probablemente nadie entienda nada.

Y se quemarán todos. Usted incluido.

Usted, en cambio, si es criterioso, seguramente entrará gritando “¡fuego, fuego!” y prácticamente obligará a la gente a salir. Y, si alguien se resiste, porque no entiende que está pasando, usted lo sacará por la fuerza.

Finalmente todos evacuarán el lugar y luego, al comprender lo que podría haber pasado, le agradecerán el haber sido así de decidido, agresivo y rápido para producir la evacuación.

Lo mismo sería ante un “incendio” en un “proyecto”, por ejemplo.

Saber “mostrarse[2]” enérgico, y a veces hasta “violento”, puede ser necesario para resolver ciertas situaciones críticas.

Razón 2. Las personas a quienes usted debe influir están totalmente incapacitadas de comprender los beneficios del curso de acción que usted propone.

Veámoslo con un ejemplo.

Estamos en la playa. Una persona se está ahogando.

El guarda-vidas se arroja al mar, y nada hacia ella a toda velocidad.

La pregunta es, cuando ya esté cerca, ¿como debería comunicarse?, ¿debería intentar dialogar?, ¿consensuar?, ¿acordar?

Tal vez podría intentar preguntar: “disculpe señor, pero ¿estaría usted de acuerdo con que yo lo salve de morir ahogado?”, “si no es molestia por supuesto”, “¿cómo prefiere que lo saque?”, “¿le molestaría que lo tome del pelo?”, “¿me permite tomarlo de la mano?”

De ninguna manera.

Sería ridículo, ¿no?

La persona en peligro está emocionalmente incapacitada para comprender instrucciones detalladas o acordar estrategias.

El guarda-vidas sacará a la persona del agua sin cuidado por ninguna negociación o  persuasión. Es más, si es necesario, hasta podría tener que golpearla, para calmarla y así evitar que interfiera ¡en su propio salvataje!

Lo más interesante es que, una vez salvada, el nadador fallido seguramente le dirá al guarda-vidas: “gracias por pegarme”, “usted me salvó la vida”.

La presión, violencia o agresión son únicamente adecuadas en estos casos, casos de emergencia o incapacidad extrema de la otra parte, cuando no hay posibilidades o tiempo suficiente para el diálogo, la persuasión o el consenso.

Hasta el agredido lo agradece.

Razón 3. Usted está siendo amenazado por la otra persona.

En este caso usted deberá ejercer su legítima defensa.

Lo dejamos para un libro de artes marciales.

Más allá de estos casos particulares, el desarrollo de buenas relaciones interpersonales siempre es lo más conveniente.

Por lejos.

Hasta con ladrones.

Conozco casos de personas que supieron manejar tan bien su comunicación durante  un asalto que consiguieron que los mismos asaltantes les dejen algo de dinero para viajar de vuelta en taxi a sus casas.

Increíble.

Otros manejaron mal su comunicación, y no les fue tan bien.

Es claro, solo conviene considerar otro curso de acción cuando el camino de las buenas relaciones resulta totalmente imposible.

Y esto es mucho menos frecuente de lo que solemos creer.


[1] Trigésimo cuarto presidente de los Estados Unidos (1953-1961).

[2] Digo “mostrarse” enérgico o violento, y no “serlo” verdaderamente, porque “serlo” de manera genuina ya no significaría una conducta estratégica, sino una reacción descontrolada emocional

Fuente : Lalo Huber – Visionholistica

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